Música y desarrollo emocional

Los sonidos están presentes en la vida de las personas incluso antes de su nacimiento. Ya en el cuarto mes de gestación, el aparato auditivo del bebé termina de desarrollarse, lo que le capacita para percibir sonidos intrauterinos, en primer término, y más adelante, sonidos del exterior. Tras el nacimiento, otros muchos factores hacen que los sonidos y la música sean, sin duda, importantes para los niños.

La música, entendida en una dimensión de lenguaje, es el código conformado por sonidos, melodías y ritmos que posibilita la expresión de mensajes y la comunicación entre individuos. Además, este código cuenta con un cariz estético que le otorga fuerza y realza su significación. Así, el pensamiento musical, tan presente en nuestra cultura, permite a los niños descubrir y tomar parte del mundo que les rodea, desarrollar su percepción auditiva, comunicarse y socializarse, usar su imaginación y desarrollar su creatividad. La música proporciona placer y entretenimiento, pero también se convierte en un canal por el que expresar aquello que no se puede decir con palabras.

En este sentido, el género musical se postula como un buen vehículo para dejar aflorar las emociones. Actúa como un ente liberador, de manera que nos permite detectar las emociones que residen en nuestra conciencia, etiquetarlas correctamente, regularlas y aprovecharlas constructivamente. Sin duda, aspectos que concuerdan con la definición de inteligencia emocional propuesta por Daniel Goleman.

Según los investigadores, existen tres emociones comunes que la música consigue transmitir a los individuos: la felicidad, la tristeza y el miedo. El lenguaje musical es, además, universal. Esto implica que el mero hecho de reconocer nuestras propias emociones, nos permitirá identificarlas en los demás, favoreciendo la reacción empática y facilitando las relaciones sociales. La música desarrolla sensibilidades, valores y actitudes constructivas.

Por otro lado, hoy se sabe que existe una importante relación entre la educación musical y el desarrollo de habilidades que los niños y las niñas necesitarán a lo largo de su vida, entre ellas, la autodisciplina, la sensibilidad, la paciencia, la coordinación, el trabajo en equipo o la capacidad para memorizar y concentrarse.

“Toda educación musical básica se relaciona con el desarrollo integral, una inteligencia más que estimular y que ayudará a las demás inteligencias. Las inteligencias trabajan siempre en concierto, y cualquier papel adulto mínimamente complejo implica la mezcla de varias de ellas”. Howard Gardner, 1995

Sin embargo, la capacidad de descodificar este lenguaje musical no es innata al ser humano. Como el resto de inteligencias, el pensamiento musical vendrá determinado por un proceso evolutivo en el que intervienen tres factores: las oportunidades, el entorno y la educación. El aprendizaje musical debe desarrollarse en el ámbito de la enseñanza escolar, pero también en el marco familiar. En la sociedad occidental de nuestros días, las competencias musicales suelen incluirse en los programas educativos, aunque a menudo su utilidad se tiende a devaluar en relación a otras asignaturas.

ALSINA, P. ; DÍAZ, M;  GIRÁLDEZ, A. (2008): La música en la escuela infantil (0-6). Barcelona. Editorial Gráo.

SWANWICK, K. (1988): Música, pensamiento y educación. Londres. Roudledge

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